domingo, 9 de noviembre de 2008

SIGNOS INDESCIFRABLES

Érase una vez, una familia de post-it muy unida que vivía en una caja de cartón. Los había verdes, azules, rosas, amarillos … e incluso había alguno violeta.
Una noche cuando estaban ya acostados, alguien llamó a la puerta.
Toc, toc- el golpe rompió el silencio repentinamente.
Azulín se despertó inquietado. Se estiró el envés un poco y siguió el pasillo hasta el lugar donde el ruido se hacía más fuerte.
Toc, toc, toc- volvió a escucharse.
- ¡Papá, alguien está llamando!- exclamó Azulín intentando mantener la curiosidad lejos de la mano.
Los gritos despertaron a Rosa que corrió hacia allí asustada, desempolvándose todavía el sueño de los ojos.
Amarillo llegó tras ella.
-¿Quién es? Preguntó con voz de sueño.
-¡Toc! Le contestó la puerta con decisión.
-¿Quién llama? Amarillo empezaba a impacientarse.
Verdina, que todavía estaba en la cama, apareció poco después preguntándose qué era todo aquel jaleo.
A estas alturas, Violeta era la única que seguía arropada bajo el edredón. En sus sueños, ajena a la misteriosa visita nocturna, se dejaba llevar por la brisa vespertina y volaba como una hoja.
Amarillo no pudo esperar más y se resolvió a abrir la puerta para desvelar la incógnita de una vez por todas. Pero la puerta no cedió.
- Verdina, ¿has echado tú la llave? Preguntó con asombro.
- ¿La llave? Sabes que no la usamos. La puerta de la caja es robusta y los cierres adhesivos son bastante seguros … Estaba preocupada.
Un haz de luz que engordaba se coló dentro y antes de que les diera tiempo a reaccionar, un tubito de plástico enorme estampaba sobre ellos signos indescifrables.
“No me esperes levantado. Llegaré tarde.” Decía la nota del frigorífico.