domingo, 8 de febrero de 2009

ZOMBIES



Ayer en Felipe II se congregaron unos cuantos zoombies y muchos más que queríamos fotografiarlos. ¿Motivo? No les preguntamos no fueran a morder ... Esta es mi preferida, tal cual la tomé porque aunque estamos en la Mir no tenemos tecnología de la Nasa.
Tiempo después de ver a aquel que creí pintado de negro sobre el que se arremolinaban muchedumbres, me preguntaron que si había visto al doble de Obama ... ¿son las cosas de la vida, son las cosas del querer? Yo no lo sé.

sábado, 7 de febrero de 2009








Invite me to the seven seas like some seasick man

You will do whatever you please and Ill do whatever I can

Beck, Lord only Knows

ANTIGUO LUTO ERRÁTICO



Ideas claras … pequeños retales, pedazos de cristales rotos vagan por el universo. Quien pretenda unirlos, pretende una tarea imposible. Nadie puede.
Un campo de amapolas, así es el mundo hoy frente a mis ojos. Retales brillantes son las amapolas.

“Yo venía de una tierra de colores“. Dijo ella.

Era así porque tú pudiste verlo como tal.
A mi la tierra, hace tiempo que venía intentando tragarme. De ahí el liarlo todo, supongo, para decirle: no vas a pillarme, porque ya no estoy ahí.
Sí, el dolor era tan grande …

Que conseguía tragarte mientras tú tragabas barro.

Sí, un dolor inconmensurable invalidado por esa declaración de sencillez tan tuya.

Ya, bueno, y toda la tristeza … ¿qué pasó con ella?
Un momento, yo había empezado a hablarte de las amapolas … y ahora se me ha ido el hilo y no se cómo seguir. Quizás no sea sólo el cansancio, o quizás éste hace que el ánimo también decaiga y que parezca que las ideas claras no merecen la pena. Dos reales en ideas claras, ¿para qué si da igual, si todo va a seguir igual?

A lo mejor algo cambia en ti.

Ya, será eso, que no quiero cambiar. Quiero seguir en mi mundo conectando mis amapolas por cables de alta tensión, todo un alumbrado público. ¡Ja! La propiedad es un problema. Creo que soy egoísta.

Podría ser. Pero todavía no me has explicado qué sucedió después, ¿qué pasó con toda esa pena?

La pena total sí, se fue. Tras la hipnosis el hipocampo se destruyó y con su pérdida volvió cierta normalidad. No sé, a veces parece que es una pena ancestral, que hubiese estado siempre ahí y que finalmente, sólo subyace, no desaparece.

¿El qué?

No pierdes turno, ¿verdad? Lo siento, no es tan fácil. Ni yo lo sé con certeza. Sí, existieron momentos oscuros que tejieron su maraña, pero lo que no sé es si podría haberse evitado o no. Puede que ya estuvieran antes en mi, ya sabes, como una extraña herencia “genética”.

Pero no quieres hablar de ello todavía.

Creo que voy a llorar, y mucho, si pienso en todo eso. Aún duelen, como fantasmas de otros fantasmas, más todavía de esa forma. Si les dejo marchar, si les dejo ir, ¿qué será de ellos? A nadie le gustan los fantasmas.

Sin embargo, la mayor parte de la gente convive con ellos a diario. Por eso mismo sería conveniente que lo hicieras, que pensaras sobre el tema si tú quieres.

¿Y cómo empiezo?

No lo sé … ¿Te gustaría que te diera alguna idea? Bueno, no se si funcionará, igualmente, cierra los ojos.

Espera, me están dando ganas de retroceder.

Venga, no te eches atrás tan pronto, que esto sólo es el principio.

Lo sé. Pero vuelve a hacerse tarde, como para el Conejo Blanco … Mi persistencia con el pasado. Es que no logro entender ciertas cosas o es que sigo añorando su calor rancio. Qué frío hace aquí, estoy congelada. Sí, a veces, pienso que lo vuelvo a hacer, sobre todo, porque me gusta no decirlo. ¿Entiendes a lo que me refiero? A veces preferiría no decírmelo ni siquiera a mi. Perdería la gracia, ¿no piensas tú lo mismo?

Bueno, te comprendo, no quieres desvelar el misterio, sólo rozarlo y deleitarte morosamente en su secreto de seda … entonces sientes que envuelve también al mundo, pero para ser más fuerte pretende la realidad y empieza a envolverte a ti también. ¿No podría tratarse de una trampa?

¿Una trampa?

Sí, una defensa.

¿A qué?

Contra la vulgaridad. Creo que piensas que las cosas se vuelven vulgares si encontramos las palabras.

Sí, así es.

Si una explicación derrota la fantasía.

Pienso que pierde interés.

Y quizás estés en lo cierto. ¿Pero a quién le interesan las explicaciones? Ninguna explicación puede derrotar los sueños si se tratan de sueños de verdad.

No te entiendo … ¿Cómo puede ser mejor si deja de ser un juego, si deja de divertirte? No, va a volverse gris, un gris sin azul, nada especial, como el plomo. ¡Yo no quiero eso!

Supongo, puede que la paciencia tampoco sea una de mis virtudes, no es fácil mantener la calma. A veces parece que el tiempo fuera a desaparecer, pero no lo hace. Ni una cosa ni la otra. Ni nos libera, ni nos ata … ese desconocido que rodea nuestras muñecas con gracia suficiente, ¿no crees?

Sí, y a veces a él también se le olvida y sigue andando como si nada. Soy yo quien se para y se avejenta contando las canas del saltamontes que estaba debajo de la almohada. ¿Podríamos cambiar las huellas del camino? Hace días que no salgo a la calle y me gustaría que el sol besase mis propias canas celestes.

Creo que en esa fecha dejaban que los días se marcharan con cada puesta de sol. No pisaban la escuela, se olvidaron de lo aprendido y todo era amanecer en brazos de un tiempo insospechable. Casi puedo verles en aquel recodo. Parecen dos excursionistas que han parado a descansar a la sombra de su árbol, supongo que siguen hablando del color de las nubes y del sonido de la estrella fugaz que vieron pasar la noche pasada.

¿Crees que debería dejar aquí esta vieja maleta? Aún la tengo cariño pero está llena cachivaches.

A ver … vaya … mira que gorrito tan gracioso.

Sí, a mi también me gusta. ¿Y este chubasquero? Vale, vale … lo dejo.

¿Cómo era aquello de que la necesidad no hace buenos aliados?

¿Lo de que no me gustaba que me dijeras que me necesitabas?

Supongo, ¿sigues pensando lo mismo?

Quería que me eligieras, no creía en esas frases hechas. Sólo era una cuestión de perspectiva. Ese tipo de expresiones me siguen asustando. Creo que la necesidad nos hace egoístas. Prefería que me deseases todo lo que pudieras, eso lo entendería mejor.

¿Es que tú no necesitas a nadie?

(Vaya pregunta … ¿respondo?)
Seguramente necesitaba a la gente más que tú. Por otra parte, empiezo a creer más en la verdadera necesidad de independencia. Aunque sigue habiendo lazos que no deberían arrastrarme presa de un humor de perros. Ese es un tiempo crucial. Luego me doy cuenta de que sólo es cuestión de personalidad y mi mano recupera su equilibrio. Pretender que es una tragedia forma parte del engaño. Llegará un día en el que la mitomanía sólo cave su propia tumba.

lunes, 5 de enero de 2009

TÚ SÓLO SÁLVATE

Cuando los quejidos de la muerte vienen acechando la vida como un león famélico, un día, seguro, deseas no haberte levantado esa mañana. Los lamentos hacen de tu cabeza su cobijo y el corazón ni parpadea no vaya a ser que lo escuchen y aten de una soga su latido. Son muy viejos los gemidos, no tú.

Las personas en otro tiempo tuvieron manos y rostro y te llamaron amigo. Hoy fantasmas que encadenan a su muerte tu silueta intentan acercarse poco a poco hasta la casa cuando creen que no les ven. Llevan una billetera repleta de cheques al portador en los que aparece tu nombre escrito en un dialecto indescifrable con letras transversales … A rezar a Dios y a rogar por las almas. Algunas noches te asustan en los espejos y yo me persignaría si un gesto tuyo pudiera rozar su dolor.
- Parece que hoy están de buen humor, me dices.
- Parece que más allá lo han perdido.

Mucho después sonó el teléfono, era demasiado tarde para no darte la razón, que nadie podría hacerlo si no lo conseguías tú. Algunos contaban no te salves y les imaginé buscando mientras, intranquilos, algo en una chaqueta improvisada. Pero soy muy mal pensada y un ataque de prisa hizo que me parase en seco, no pude esconder la tristeza. Aquello que más querías te llevaría de la mano a la tumba y sellaría el ataúd con un azote tan suave que ni tan siquiera tú lo notarías. Nada habría sido en vano, ni las lágrimas ni el horror que se me colaba por las rendijas de la conversación en que prendías tu sonrisa a la solapa.

jueves, 18 de diciembre de 2008

LATAS DE ATÚN



Había pasado demasiado tiempo desde la última vez. Cuando Úrsula se marchó de casa sin despedirse, creyó que el mundo se acabaría y él, a su vez, terminaría por disolverse en el firmamento. Tres años de soledad tenían la culpa. A todos nos ha pasado. Dejas de tener un rostro en el que mirar y terminas encontrándote contigo mismo. Entre tanto, matas el tiempo pensando que si el tiempo que si la vida que si hoy está nublado o por qué no una despedida. A Esteban, en concreto, lo que le pasaba era que Lorena era demasiado rara, había dejado de ser una persona para convertirse en gata. Ah, no no, él no pensaba ir en su busca por los tejados. ¡Pues andaba lista si creía que así lo haría!

Cierto era también que, hacía más bien poco, se había imaginado a sí mismo conversando con los felinos -Rallitas, le dijo a uno que caminaba por el canalón, ¿has visto a una gatita negra por los alrededores?-. Decididamente, tenía que dejar de hacerlo o acabaría igual charlando con los macarrones del plato.
Una vida tranquila y sin complicaciones le pareció mejor en ese momento. De todos modos, lo que tuviera que ser sería y dos más dos son cuatro, ya volverá algún día. Una tarde de Abril, cuando las hojas de los árboles se encogen y los pájaros vuelan del nido hacia otras regiones, recordó una antigua canción de cuna que le cantaba su abuela:

Luna- lunera- cascabelera, ¿por qué debajo de mi cama ya no hay hoguera?
Buena pregunta, dijo el Rostro Pálido. No lo sé. Pero, ¿te has dado cuenta de que has encendido la televisión y tienes la radio puesta?

martes, 16 de diciembre de 2008

UN ACENTO OLVIDADO ME HIZO RECORDAR

Aquella mañana me sentía aturdida. No había dormido demasiado y me concentraba más de lo habitual en mi trabajo. Debería estar prohibido madrugar los Viernes y más si el año es bisiesto, que no se sabe nunca por donde sale. De todos modos, me gustaba lo que hacía y eso siempre lo mejora un poco.
En estas profundidades metafísicas me hallaba cuando se abrió la puerta del despacho: Nada nuevo, era Ricardo, que también trabajaba allí conmigo; no es que le entusiasmara la idea, pero entrar y salir se había convertido, en aquella latitud, en una constante. Sin embargo, esta vez me pareció percibir algo diferente. Sería mi imaginación “o será la pintura del techo“, recuerdo que pensé en ese momento, “que de tanto llover habrá decidido hacerse agua“. Así era, me lo temía, aquel cuarto estaba empezando a hundirse y el puño de mis mangas se estaba mojando. No solo eso, las paredes tiritaban de frío, se encogían, inspiraban y espiraban como dos pulmones humanos.
No sabía si él se había dado cuenta, pero para mi no era ninguna tontería, porque igual teníamos que salir nadando y a ver dónde terminábamos. Para quienes no lo sepan, cerca de Chapinería, que era donde estábamos, no hay ninguna isla y de playas, ni hablamos.
Ricardo se había acomodado en su sitio entre tanto y miraba la pantalla del ordenador. El pobre debía de estar harto de tanto papel de archivo informatizado, no lo disimulaba mal del todo. De vez en cuando, aparecía algún nombre curioso (cuanto menos sorprendente) de los perros registrados en mil novecientos cincuenta y cuatro y nos reíamos un rato. En ese momento no debía interesarle demasiado lo que estaba haciendo, se levantó de un salto y me dijo:

Meu nome es Joao. Eu so du Salvador de Bahía. ¿E bosé? ¿Cual es o bosé nome?

La verdad es que este tipo siempre había sido bastante rarito, pero desde luego, aquella vez había logrado captar mi atención. O sea, que había estado hablando todo este tiempo en portugués y no me había enterado … Superaba mis expectativas de diálogo.

Pues no sé- Confesé un poco después.

Hasta ahora, yo siempre había creído en el nombre con el que me llamaba la gente, pero tenía que admitir que las circunstancias habían cambiado. Esta segunda parte no la comenté en voz alta.

¿Cual es o bose nome?- Insistió.

Bufff … No se iba a contentar con un pseudónimo cualquiera, eso estaba claro.

¿Sabes Joao? Crecí en un desierto muy lejano y no logro acordarme ahora del significado.
Ah … o Sahara, o Desierto du Gobi …
De acuerdo- Respondí. O Desierto du Gobi.

Mongolia volvía a mi memoria con la persistencia del recuerdo. El horizonte estaba lejos y las llanuras se extendían a mi paso hasta que se hacía de noche y se marchaban a hurtadillas, fuera del alcance de mi sueño, para charlar a solas con el cielo raso. Al amanecer, no pude evitar sentir cómo un viento inhóspito y reconocible cortaba mi piel. Seguí caminando sin conseguir leer el nombre de los letreros que me encontraba al paso. Intenté en vano localizar algún poblacho solitario y me pregunté quién viviría allí y si de verdad quería saberlo. La Tundra había borrado el rastro de mis huellas.

¿Cómo ha sucedido? Estoy aquí perdida en medio de la estepa y todo son ocres, anaranjados, aguamarinas … ¿Habré llegado?

Finalmente, había pasado por alto un dato poco importante, no ausente de valor. Miré, para cerciorarme, el calendario. Únicamente advertí fechas: dos mil ocho, rezaba la cabecera.
No pude resistir a la tentación. Cogí un lápiz y lo escribí en un papel improvisado:

Malditos sean todos soles que colorean el cielo en Mayo. No podré tenerlo a tiempo. Solo vacío y hueco fuera de mi abrazo.

Antes de que terminara la frase, Joao se había marchado sin despedirse. Ricardo no entendió muy bien de qué le hablaba. Sentenció, no sin ocultar una sonrisa loca, que de todas formas no debía de ser tan simpático si aparecía y desaparecía sin avisar.

Siento la horrible transcripción de esas líneas en portugués, pero juro que es que no se una palabra